Las diferentes formas de Tradición atesoran la sabiduría de grandes seres que, por dedicación, indagación íntima y experiencia propia, identificaron vías de liberación para el ser humano, de modo que pueda recuperar la armonía que ha ido perdiendo mientras una conciencia egoica desmesurada lo ha ido haciendo sentirse cada vez más desubicado, diferenciado, separado y solo ante el misterio de la vida. Los mismos proclamadores señalaron también que, para alcanzar la liberación, cada cual debía recorrer el camino y experimentarlo por sí mismo.
Pero no todo el mundo está dispuesto o en condiciones de hacerlo. El mecanismo de la creencia está profundamente arraigado en el funcionamiento de la mente humana. Nos resulta mucho más cómodo adoptar patrones, explicaciones o normas de conducta que dedicar tiempo a indagar y descubrir por experiencia propia. Preferimos el cálido refugio de las creencias y los dogmas compartidos, que nos ofrecen consuelo y sentido de pertenencia, a la intemperie fría y solitaria de la búsqueda íntima y sincera por uno mismo.
De ahí que en toda forma de Tradición podamos encontrar, por un lado, una vertiente interna, esotérica, destinada a aquellos dispuestos a dedicarse a explorar, cuestionar, experimentar y realizar por sí mismos la vía hacia la sabiduría que se encuentra más allá del lenguaje mítico o simbólico. Y, por otro lado, una vertiente externa, exotérica, para atender la demanda de todos aquellos que se conforman con creencias y códigos de conducta que les aporten consuelo y seguridad.
Lamentablemente, la historia nos demuestra que, aunque en sus inicios este fuera un planteamiento bienintencionado, se ha acabado haciendo un uso retorcido del mismo, de modo que la sabiduría quedaba en manos de unos pocos y la creencia ha sido una herramienta poderosa de manipulación y subyugación.
Esto no significa que la sabiduría no esté ahí o que deba ser menospreciada por los abusos cometidos. Es necesario, sin embargo, identificar y trascender los efectos perniciosos de la creencia y sumergirse sin miedo en la búsqueda íntima de respuestas.
Una sola Tradición
Conscientes de la Unidad de la VIDA, debemos aceptar la situación íntima de cualquier ser humano, sea cual sea. Pero también, con conciencia, deben señalarse las limitaciones y los peligros de la creencia, con naturalidad, sin imposiciones ni forzamientos de ningún tipo.
Si por arraigo cultural o elección personal abrazamos una forma concreta de Tradición, es mejor trascender las creencias y profundizar sinceramente en la vía de realización de la sabiduría que cada una presenta.
En la medida en que dejamos de lado las creencias dogmáticas y escuchamos sinceramente aquello que resuena más íntimamente en nosotros, se descubrirá la sabiduría de la única Tradición, más allá de las diferencias culturales o de presentación.
No importa la vía. No se trata de cambiar de creencias, sino de dejar de creer y vivir plenamente en sintonía con nuestra naturaleza más íntima.
Así pues, la pregunta capital que cada cual debe responderse es: ¿me conformo con el consuelo o quiero vivir auténticamente?




