Antes que la globalización acabe imponiendo una visión economicista, uniforme, en todo el planeta, es bueno recordar y destacar las diferentes mentalidades que, a grandes trazos, han caracterizado las culturas de aquello que llamamos Oriente y Occidente.
El pensamiento, la mirada, la actitud en el vivir no han sido las mismas en ambos hemisferios.
D.T. Suzuki lo señaló magistralmente, al comparar los poemas de Basho y Tennyson, en los que cada uno expresaba su reacción al descubrir una flor: mientras el japonés solo la contemplaba admirado, el inglés la arrancaba y la desmenuzaba para entender el secreto de la vida. (‘East and West’, 1957).
Mientras uno contempla y vive el silencio, el otro analiza y vive las explicaciones.
Uno mira la totalidad, el otro mira las infinitas partes.
Allí donde Oriente verá un bosque armonioso, Occidente registrará cuantos árboles hay de cada especie.
Mientras uno se enfoca en la Unidad y la armonía, el otro lo hace en la Multiplicidad y la descripción.
Uno se siente integrado con el todo. El otro quiere dominar su entorno.
Dos miradas ciertamente diferentes. Cada una con sus luces y sombras.
El equilibrio de los hemisferios
Dice la neurología que cada hemisferio cerebral está especializado en funciones diferentes: el izquierdo más racional, intelectivo y conceptual; el derecho más emocional, intuitivo y creativo. Puede haber cierta preponderancia entre ellos, según cada cual. Pero para mantener el equilibrio y la salud mental, no podemos hacer un uso exclusivo de solo uno de ellos. Es necesaria una acción coordinada y armónica entre ambos.
De igual modo, Oriente y Occidente, llamémosles los dos hemisferios de la Humanidad –no necesariamente geográficos–, son dos miradas diferentes que el ser humano, para mantener el equilibrio y la salud –es decir, para vivir en plenitud–, ha de saber integrarlas en sí mismo: una mira la Unidad y la otra la Multiplicidad. En algunos momentos prevalecerá una, en otros, la otra. Pero, de natural, actúan coordinadamente, armoniosamente. De hecho, no son dos, como se irá descubriendo. Es cuando nos obstinamos en mirar solo de una manera, cuando aparecen los dolores de cabeza.
No se trata, pues, de cambiar nuestra cultura por otra más exótica. Ni de utilizar otros lenguajes por simple erudición o pedantería. Se trata de no limitarnos a una cultura solo por el hecho de haber nacido en un lugar u otro.
Todas las culturas son patrimonio de la Humanidad y, por tanto, nos son propias a cada uno. Sintámonos libres para escuchar qué señalan, descubrir la sabiduría que tienen en común e incorporar en nuestro ser aquello que nos resulte más acertado, sugerente o, sencillamente, con lo que encontremos mayor afinidad.
Oriente y Occidente.
Unidad y Multiplicidad.
Que los árboles no te impidan ver el bosque.
Que el bosque no te impida ver los árboles.

