Si el amor no es sabio, no es Amor. Si la sabiduría no es amorosa, no es Sabiduría.
La armonía entre razón y emociones es un requisito ineludible si queremos escuchar la voz del Corazón, donde reside nuestra auténtica naturaleza. El Corazón que late como único Corazón de VIDA.
Para darnos cuenta de nuestra auténtica naturaleza, es necesario liberarnos del conflicto en el que vivimos, atrapados en la dualidad ficticia entre un cuerpo y un espíritu.
La visión clara descansa en lo que somos, no en lo que creemos.
