Todo está AQUÍ

El ultramundanismo, la creencia en un más allá, alimenta la confusión dual y nos priva de vivir nuestra auténtica naturaleza.


VIDA, en tanto que Totalidad, es Una, Absoluta, No-Nacida, Sin-Segundo, Sin-Espacio, Sin-Tiempo. Nada puede estar, ser, existir, más allá de VIDA.

Así pues, en términos absolutos, no es lógico ni tiene sentido hablar de un “allí”, porque estaría “fuera” de VIDA. Toda posibilidad, presente, pasada o futura, está AQUÍ, en VIDA.

Es sólo en el terreno relativo de la dualidad cuando aparecen los conceptos de espacio (aquí, allí, arriba, abajo) o de tiempo (pasado, presente, futuro, eternidad…).

Pero, en última instancia, sea lo que sea que sea, está AQUÍ, en VIDA.

El pernicioso ultramundanismo

Toda creencia ultramundana, en un más allá, en otra vida, alimenta la confusión dual y nos priva de la vivencia de nuestra auténtica naturaleza.

El ultramundanismo se sustenta en la obstinada creencia egoica de que, como individuos, tenemos existencia propia separada y diferenciada de VIDA. Y la retroalimenta entrelazándola con las creencias sobre la dualidad entre materia y espíritu, y la continuidad de las individualidades en una “otra vida” eterna, “espiritual”, ya sea en mundos celestiales, universos paralelos o dimensiones superiores. Otra vida que contraponemos a “esta”, que menospreciámos al considerarla inferior, transitoria, finita, “material”, mundana, por el simple hecho de que, a ojos egoicos, todo parece tener fecha de caducidad.

En el fondo, las creencias ultramundanas son fruto de la necesidad de encontrar un consuelo que calme la angustia vital con la que vivimos el misterio de la vida. Un consuelo que, en realidad, nos aleja de la vivencia de nuestra auténtica naturaleza que, recordemos, no es otra que la de propia VIDA. Un consuelo que, además, nos hace vulnerables a las manipulaciones por parte de quien asegura tener las llaves de acceso al más allá y afirma que no debemos preocuparnos por lo que vivimos en esta vida, porque la que importa es la otra.

Se argumentará que nuestra comprensión de la realidad es limitada. Pero esto no puede dar pie a especulaciones o creencias que no puedan ser contrastadas por vivencia propia, ya que sólo nos extraviarían en disquisiciones sobre si son explicaciones reales o imaginarias.

La Realidad (así, en mayúscula, como sinónimo de VIDA) es inabarcable para la comprensión. Está bien la curiosidad que tenemos los humanos por entender el funcionamiento de las cosas en la vida relativa. Pero no podemos olvidar que no se trata de tener explicaciones para todo, sino de vivir lo que somos. Mientras necesitemos explicaciones, no viviremos auténticamente.

Una gota en el mar no puede, ni necesita, llegar a conocer los límites del océano, ni comprender todas y cada una de sus particularidades. Pero sabe con certeza que sólo es agua, como el océano entero. Así, superada la diferenciación generada por nombres y conceptos, sea gota o sea océano, tanto da, cumple adecuadamente la función que corresponda.

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