Creer o ser

La visión clara descansa en lo que somos, no en lo que creemos.


La vivencia no es lo que uno vive,
sino lo que es.

No es necesaria confianza
si ya eres ”ello”.

La duda la genera la creencia.
Se vive cuando ya no se necesita explicar.

Advaitananda Vyasa Goe

La creencia no es exclusiva del ámbito religioso, como solemos pensar. Es una actitud inherente a los automatismos inconscientes de la mente. Las creencias son todas aquellas convicciones y conceptos que damos por ciertos o probables, y que a menudo aceptamos de nuestro entorno sin haberlos validado por nuestra propia experiencia.

La mente necesita patrones constantemente para decidir cómo reaccionar de inmediato, sin pensárselo mucho, ante cualquier situación. La falta de patrones mentales nos estresa y nos causa incertidumbre, inseguridad y miedo. Buscamos entonces cualquier explicación, racional o no, para llenar el vacío y disponer de un nuevo patrón, de una nueva creencia a la que aferrarnos.

El problema de las creencias no es si son verdaderas o están justificadas. La cuestión es cómo nos condicionan. Mientras no seamos conscientes de su funcionamiento, las creencias nos hacen reaccionar repitiendo los mismos patrones, una y otra vez, privándonos de ver y vivir la singularidad del momento, a pesar de las similitudes o rutinas aparentes. Reaccionamos, pero no vivimos. El sol sale cada mañana, pero nunca es igual. La vivencia es única cada día.

No se trata, pues, de cambiar unas creencias por otras, sino de apagar el piloto automático y tomar las riendas de nuestra vida. De liberarnos de patrones y corsés. De construirnos de forma consciente, efectiva y armoniosa. De vivir en adecuación a las circunstancias de cada situación, siendo siempre fieles a nuestro criterio más íntimo.

Creencia y confusión dual

Así como el mentiroso no puede dejar de construir falsedades para esconder su engaño tras una fachada que resulte creíble, la creencia de que somos una individualidad, un yo con existencia propia, diferenciado y separado de VIDA, nos obliga a cubrirlo con innumerables vestidos para dotarlo de una apariencia de realidad que no tiene por sí mismo.

El constructo resultante es un enredo de creencias que se retroalimentan entre sí, creando la ilusión de poseer una entidad propia. Una entidad que defenderá con uñas y dientes para evitar que se descubra el engaño.

Mientras no descubramos el truco de este gran ilusionista que nos tiene hipnotizados con el sentimiento de individualidad, no podremos darnos cuenta de que somos VIDA y que, por lo tanto, nuestra verdadera naturaleza no es otra que la propia Naturaleza de VIDA.

Cabe señalar que las individualidades en sí no son el problema. De hecho, podemos considerarlas reales hasta cierto punto, si entendemos que no son otra cosa que formas en VIDA. Así también comprenderemos cómo VIDA se las ingenia para aparentar Multiplicidad sin dejar de ser Unidad.

La confusión dual surge de la creencia de que las individualidades tienen existencia propia y que la VIDA es solo un conjunto de cosas diferenciadas entre sí. Esta es, ciertamente, la madre de todas las creencias, el nudo gordiano, la piedra capital que sostiene todo el palacio de la ignorancia en el que estamos atrapados.

Pero, ¿cómo deshacemos el embrollo de la confusión dual?

Dejar de creer para poder ser

De la misma manera que, cuando las nubes se disipan, recibimos los cálidos rayos del sol, o que cuando las aguas están en calma, el fondo se hace visible, en cuanto dejamos de creer y apartamos la ilusión egoica, lo que somos, nuestra verdadera naturaleza, la Presencia No Dual de la VIDA, se evidencia diáfana, en plenitud.

La visión clara descansa en lo que somos, no en lo que creemos.

Miramos en la dirección equivocada cuando buscamos «fuera» apoyos externos donde sostenernos para aliviar la incertidumbre y alcanzar una sensación de seguridad y control. Una sensación fugaz, ciertamente, primero por la impermanencia inherente a VIDA. Y luego, porque toda creencia necesita reafirmarse continuamente ante la duda constante sobre si es o no cierta, y si es la mejor posible.

Es mirando «dentro» donde podremos encontrar lo que realmente somos. Y aunque no seamos del todo conscientes de ello, podemos intuir, con toda lógica, que si somos formas en VIDA, nuestra naturaleza es la propia VIDA.

Así pues, es necesario dejar de creer para ser.

Dejemos de aferrarnos a falsas seguridades y confiemos en aquello que nos resuene más profundamente.

Dejemos de buscar refugios donde protegernos: no hacen falta las certezas; no hacen falta los patrones; no hacen falta las doctrinas. Nos bastará con la adecuación a cada una de las circunstancias que vivimos.

Dejemos la inestabilidad de la creencia y descansemos en la plenitud armoniosa de VIDA.

Dejemos a un lado las interferencias del yo para poder escuchar la voz VIDA.

Seamos conscientes de que todo aquello que apuntale la creencia de que somos una individualidad separada de VIDA, nos mantendrá ligados a la confusión en la que vivimos.

Confiemos sinceramente en lo que nos resuene más íntimamente, y nos iremos dando cuenta de lo que realmente somos.

Tenemos todo lo que necesitamos para iniciar, sin demora, la perfecta construcción de uno mismo.

Más, mucho más que tener: ¡ya lo somos!

Seamos conscientes de ello y descubriremos la alegría de ser.

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